domingo, 16 de marzo de 2014

Célula : La unidad vital


Por Néstor Palmetti


Está fuera de discusión el hecho biológico de nuestra constante renovación orgánica. Diariamente estamos produciendo millones de nuevas células que reemplazan a las más viejas. Aunque la gente piense que su cuerpo es una estructura estática que envejece[1], el organismo está en estado de renovación permanente: a medida que se descartan células viejas, se generan otras nuevas para reemplazarlas.
Cada clase de tejido tiene su tiempo de renovación, que depende del trabajo desempeñado por sus células. Las células que recubren el estómago, viven sólo cinco días. Las células de los glóbulos rojos, después de viajar casi 1.500 kilómetros a través del “laberinto” circulatorio, sólo duran alrededor de 120 días antes de ser enviadas al “cementerio” del bazo. La epidermis (capa superficial de la piel) se recicla cada dos semanas. El hígado, desintoxicante de todo lo que ingerimos, tiene un tiempo de renovación total calculado entre 300 y 500 días.
Otros tejidos tienen un tiempo de vida que se mide en años y no en días, pero están lejos de ser perpetuos. Hasta los huesos se renuevan constantemente: todo el esqueleto de un adulto se reemplaza celularmente en menos de diez años. Recientes estudios demuestran que incluso las células cerebrales -consideradas hasta hace poco, elementos vitalicios del organismo- se renuevan periódicamente [2].
Jonas Frisen, biólogo celular del Instituto Karolinska de Estocolmo, ha demostrado que la edad promedio de todas las células del organismo de un adulto puede ser tan sólo de entre siete y diez años. Esto ya lo sabían los intuitivos maestros orientales, pues en los antiguos textos hablaban de un período de siete años para la completa renovación del organismo.
Ahora bien, la pregunta del millón es: ¿por qué tenemos órganos defectuosos cuando periódicamente los estamos renovando? ¿Por qué una persona “sufre” del hígado, si sus células hepáticas viven solo seis semanas y en el arco de un año las habrá renovado por completo?
Para encontrar respuestas, debemos por fuerza perder algo de tiempo y comprender cómo funciona esta unidad orgánica que es la célula. En realidad no es “perder tiempo”, sino invertirlo en conocimientos básicos que nos harán más sanos y menos dependientes de curaciones externas. En la correcta renovación celular encontraremos la clave para recuperar la salud y la plenitud. El cuerpo sabe mejor que nosotros lo que conviene hacer a cada momento. Solo se trata de “no poner palos en la rueda” de la infinita magia corporal… pero parece que nos empeñamos en ello!!!
Por otra parte, tomar consciencia de esta realidad nos permitirá abandonar el estado de resignación a la mediocridad. No ejercemos plenamente nuestro natural derecho a la plenitud física y mental. Nos parece que estar al 100% de nuestro potencial es utópico; por ello nos resignamos y aceptamos andar al 50%. Nos condicionan a pensar que el estado mediocre es “normal”. Siempre “algo” hay que tener, ya sea por envejecimiento, genética o virus. Y esto no es verdad. Ese “algo” no es natural y es sólo la expresión del desequilibrio que nosotros mismos generamos por desconocimiento, malos hábitos o condicionamiento mental, obstaculizando la “magia” de la permanente renovación celular.
CÉLULA, LA UNIDAD VITAL
Celulas en Cuerpo HumanoAsí como una colmena se compone de miles de abejas, nuestro organismo se compone de billones de células. Todo se reduce a grupos de células: sangre, huesos, órganos. Si pudiésemos disponer todas las células de un cuerpo humano sobre un plano, veríamos que estamos compuestos por unas 200 hectáreas de tejidos celulares (la superficie de 200 manzanas de una ciudad). Todo el organismo no es más que un reflejo directo de la eficiencia funcional de estas microscópicas unidades vitales.
Cada célula, independientemente de la función que cumpla en el organismo, tiene similares mecanismos de acción: se reproduce, se nutre, se desintoxica y desarrolla una tarea específica. Esto nos permite entender que, además de la información presente en su material genético, la célula depende de dos factores externos que condicionan su funcionamiento: la calidad de nutrientes que reciba y la calidad del medio en el cual deba actuar.
Comprendiendo que el organismo humano se origina a partir de un par de células, es sencillo darse cuenta que la calidad del organismo dependerá directamente de lacalidad celular; ésta a su vez dependerá de la calidad de nutrientes que tenga a disposición y la calidad del medio en que se mueva. Si bien el primer factor tiene mucho que ver con la nutrición de la persona, ambas variables están condicionadas por el grado de intoxicación del organismo.
celulas cuerpo humano 2Los miles de millones de células que componen un cuerpo humano, se mueven en un verdadero “mar interior”. El 70% de nuestro cuerpo es agua; fundamentalmente sangre, linfa y líquido intracelular. Antiguamente se hablaba de “humores” corporales; hoy se habla de “terreno”. Dado que la mayoría de los tejidos celulares no pueden desplazarse o lo hacen localmente, la calidad de dicho terreno es fundamental para asegurar, tanto la correcta nutrición como la eficienteevacuación de los desechos que las células generan.
Cien mil kilómetros de capilares sirven para irrigar aquellasdoscientas hectáreas de tejidos celulares que citamos anteriormente. Pese a disponer de pocos litros de fluidos, el cuerpo está preparado para cumplir esta delicada función gracias a tres variables: la velocidad de circulación, la irrigación diferenciada y la calidad de estos fluidos. La sangre fluye a gran velocidad por la red de capilares, tardando solo un minuto en dar una vuelta completa al cuerpo.
Por otra parte, no toda la red de capilares está llena al mismo tiempo; sólo las partes más activas disponen de abundante irrigación: los músculos, cuando trabajamos; el estómago, cuando digerimos, etc. Aquí comprendemos rápidamente dos cosas muy útiles: una, la importancia de la calidad del sistema circulatorio y dos, lo contraproducente que resulta hacer varias cosas al mismo tiempo!!!
[1] “No importa la edad: su cuerpo es más joven de lo que usted cree. Aun en una persona mayor, casi todas sus células tienen menos de 10 años” – The New York Times/La Nación – 14/8/05
[2] Confirman que las neuronas se renuevan: Investigadores neocelandeses y suecos lograron confirmar que el cerebro humano puede fabricar nuevas neuronas, según un estudio que publica la revista Science – La Nación 16/2/07
Del libro: “Cuerpo Saludable”
Autor: Néstor Palmetti

sábado, 15 de marzo de 2014

Dar y Recibir



¿Deseas bondad? Sé amable.
¿Pides verdad? Sé sincero.
Lo que das de ti mismo, lo encuentras;
tu mundo es tu propio reflejo.

Vivir como las flores





- Maestro, ¿qué debo hacer para no irritarme? Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes, otros indiferentes. Siento odio por aquéllas que son mentirosas y sufro con aquéllas que calumnian.

- ¡Pues, vive como las flores! Advirtió el maestro.

- ¿Qué es eso de vivir como las flores? – preguntó el discípulo.
- Pon atención a esas flores, continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín. Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.

Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los problemas de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse. Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera. Esto, es vivir como las flores.

La virtud

La virtud reside en lo que das, no en lo que reci­bes... 

Por ello, cuando los sabios quieren ser valorados por otros, primero valoran a los demás; cuando quie­ren ser respetados por los demás, primero los respetan. Cuando quieren superar a otras personas, primero se superan a sí mismos; cuando quieren rebajar a los demás, primero se rebajan a sí mismos.





viernes, 14 de marzo de 2014

El Reto

El reto del fracaso...




Un incendio causó graves daños a las instalaciones manufactureras de Tomas Edison. Perdió casi un millón de dólares en equipos, además de la crónica de gran parte de su trabajo.

A la mañana siguiente, al contemplar las cenizas de lo que fueran sus sueños y esperanzas, el inventor de 67 años dijo suspirando: “Todo mal trae algo bueno. Todos mis errores se han quemado. Ahora puedo empezar de nuevo”.

Edison conocía un importante principio de vida: casi cualquier situación -buena o mala- se ve afectada por nuestra actitud ante ella.

El optimista aborda los problemas con una filosofía constructiva y de fortalecimiento. Ante la adversidad encuentra los medios para superar el abatimiento y mantener el ánimo en alto en aquellos difíciles períodos.

Para disfrutar de una vida plena, el optimista ve el fracaso como una oportunidad, un reto estimulante que lo conduce a la autosuperación. No busques culpables: “Nadie podría salir adelante con los problemas que tengo”.
En lugar de creerse impotente, actúa y nunca desiste, haciendo la diferencia entre el fracaso y el éxito.

A un hombre se le puede despojar de todo, salvo una cosa: la libertad de elegir su propia actitud, en cualquier circunstancia.

La vida está llena de situaciones en las que podemos optar por una de dos maneras de enfrentarla: o adoptamos una visión pesimista de este mundo, o nos aferramos a la creencia de que nos espera un futuro mejor.

Alan Loy Mcginnis

La Prisa....

La PRISA, nuestra enemiga...





El mundo acelerado en el que vivimos nos vuelve impacientes e irritables y nos impide gozar de las maravillas del mundo.
Tratamos de apresurar la madurez de nuestros niños.

A los cinco años, le decimos:
¿Por qué no te comportas como una persona mayor?
Queremos que se comporten como adultos, no porque sea mejor para ellos, sino porque es más cómodo para nosotros. Y nos privamos así de que nos ofrezcan su frescura, curiosidad, asombro y su alegría espontánea.

En cierta ocasión, un padre preguntó al rector de una universidad si el plan de estudios no podía simplificarse, a fin de permitirle a su hijo concluirlo “por medios más rápidos”.

Ciertamente -le respondió-, pero todo depende de lo que usted pretenda hacer de su hijo.

Un roble le toma cien años para crecer.

A una calabaza, le bastan dos meses.

La naturaleza suministra abundantes indicios de que nuestro ritmo apresurado no es natural.
Cuando uno abandona la ciudad y camina entre los árboles que crecen lentamente y las montañas silenciosas, uno absorbe un poco de la calma y tranquilidad de la naturaleza.

El sol se tomará siempre el tiempo que necesite para salir y para ponerse. No se le puede apresurar.

Sin embargo, en el mal uso de la paciencia corremos el riesgo de volvernos espectadores inactivos, en vez de hombres de acción, capaces de contribuir a que acontezca lo mejor. Paciencia no significa pasividad, es decir, esperar que todas las cosas se nos den hechas.

Es más bien el principio de comenzar anticipadamente y tomarse el tiempo que uno requiera para hacer las cosas.
Las mejores cosas de la vida no pueden apresurarse.

Harold Kohn

Cuando un Sol aparece...


Aunque puede haber muchos ríos, ellos son uno en el mar.


Aunque puede haber muchas mentiras, la única verdad la conquistará.


Cuando un sol aparece, la oscuridad, por profunda que sea, 
desaparecerá.

Saraha.









jueves, 13 de marzo de 2014

Cuentos para pensar: El Corcho

El corcho - Enrique Mariscal




Hace años, un inspector visitó una escuela primaria.

En su recorrida observó algo que le llamó la atención: una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían un gran desorden; el cuadr
o era caótico.

Decidió presentarse:

"Permiso, soy el inspector de turno ...¿Algún problema?"

"Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos... No tengo láminas, el ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles ..."

El inspector que era un "Docente de Alma", vio un corcho en el desordenado escritorio, lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos:

¿Qué es esto? " Un corcho señor "...gritaron los alumnos sorprendidos.

"Bien, ¿De dónde sale el corcho?".

"De la botella señor. Lo coloca una máquina...", "del alcornoque... de un árbol"... "de la madera...", respondían animosos los niños.

"¿Y qué se puede hacer con madera?", continuaba entusiasta el docente.

"Sillas...", "una mesa...", "un barco! ". Bien, tenemos un barco.

¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito?

Escriban a qué provincia argentina pertenece.

¿Y cuál es el otro puerto más cercano?
¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar? Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc.

La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida:

"Señor nunca olvidaré lo que me enseño hoy. Muchas Gracias."

Pasó el tiempo. El inspector volvió a la escuela y buscó a la maestra.

Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden...

"Señorita... ¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí? Sí señor ¡Cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho. ¿Dónde lo dejó?".

Enrique Mariscal

Biografía de Enrique Mariscal
Enrique Mariscal es profesor de Filosofía y de Pedagogía, licenciado en Psicología y en Ciencias de la Educación. Es especialista en planificación de recursos humanos en la UNESCO-CEPAL, seleccionado por el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina. Ha trabajado como maestro rural en zonas desfavorecidas, tarea que ha compaginado con su labor de académico y asesor de numerosas universidades, y de consultor de Educación Médica de la Organización Mundial de la Salud. Imparte seminarios y conferencias de desarrollo personal, trabajo en equipo y conducción creativa en importantes empresas. En la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires dirige el seminario permanente «Volviendo a pensar sobre el enseñar y el aprender».

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