Una revisión de los principales estudios científicos publicados hasta el momento
ha demostrado que ciertos alimentos tienen una cierta capacidad para prevenir el
cáncer y otros para acelerarlo. Este estudio concluye que se pueden establecer
seis recomendaciones nutricionales básicas para mantener alejada la enfermedad.
ha sido publicado en "Journal of the American College of Nutrition".
Hay seis pautas nutricionales que nos pueden ayudar si queremos mantener el cáncer
alejado de nuestras vidas: No tomar o limitar el consumo de leche y lácteos, carnes
rojas y procesadas y carnes y pescados a la parrilla, no beber alcohol y comer más
frutas y verduras, y más soja en el caso de las mujeres.
Los investigadores han revisado la literatura científica existente y han conseguido
establecer pruebas concluyentes sobre los alimentos en relación al cáncer y
con esto han sentado las bases de las recomendaciones nutricionales para prevenirlo.
Para ello han revisado los resultados de los más relevantes ensayos clínicos al
respecto: estudios epidemiológicos, ecológicos y ensayos randomizados, de cohorte
y control en pacientes sanos y diagnosticados, todos ellos recopilados por el Fondo
Mundial para la Investigación en Cáncer (WCRF, en sus siglas inglesas) y el Instituto
Americano para la Investigación del Cáncer (AICR).
La evidencia científica sugiere que una alimentación rica en fruta, vegetales, legumbres
cardiovasculares, obesidad, hipertensión y diabetes.
6 recomendaciones para reducir el riesgo de padecer cáncer:
1. Incrementa la ingesta de fruta y verdura:
Una dieta rica en vegetales y fruta ayuda a reducir el riesgo de padecer cáncer gracias
al alto contenido en fibra, vitaminas, minerales y fitoquímicos presentes en estos
alimentos.

Se ha descrito una relación estadística inversa entre su consumo y la presencia de cáncer
en un estudio de cohorte sobre más de 25.000 personas, mientras que en un
amplio metaanálisis redujeron el riesgo de cáncer de esófago en un 64%.
En otro metaanálisis se vio que el consumo de crucíferas (coles, brócoli, rábanos)
redujo el riesgo de padecer varios tumores, entre ellos el del colon y estómago.
Otro encontró una relación entre las mujeres que consumían carotenoides y un riesgo
entre un 10 y un 19% menor de cáncer de mama, mientras que los tomates apuntan
beneficios en el cáncer gástrico (27% menos de riesgo). El alto consumo de ajo también
previene el cáncer gástrico.
El té verde, la cúrcuma, las uvas, los tomates y otras frutas y vegetales han
demostrado ser capaces de inducir el suicidio de las células tumorales y prevenir
la aparición del cáncer.
El alto consumo de frutas, vegetales, especias y aromáticas no solo reduce
el riesgo de padecer cáncer, sino también de diabetes, enfermedades cardiovasculares
, hipertensión y obesidad.
2. Reduce la ingesta de alcohol
No beber alcohol o hacerlo en contadas ocasiones limita el riesgo de cáncer de
boca, faringe, laringe, esófago, colon, recto y mama.
Una bebida alcohólica a la semana, independientemente de su graduación, incrementa
el riesgo de cáncer de boca, laringe y faringe en un 24% y cada 10 gramos de alcohol
se aumenta el riesgo de carcinoma escamoso celular y cáncer del tracto aéreo-digestivo
superior en un 10-15%, especialmente en las mujeres. También se ha descrito un
aumento del riesgo un 4% mayor por una bebida a la semana en el caso de cáncer de
esófago.

En el tumor colorrectal, más de una bebida alcohólica al día aumenta el riesgo. Se ha visto
que por cada 10 gramos de etanol, el riesgo aumenta un 9%. Dos o tres bebidas
alcohólicas al día, la pauta de un bebedor moderado, eleva el riesgo en un 21% en
comparación con los abstemios o los bebedores ocasionales, y el riesgo se
dispara en bebedores crónicos.
También se ha descrito relación entre el riesgo de cáncer de mama y la dosis de
alcohol consumida: por cada 10 gramos de alcohol la posibilidad de sufrirlo es entre
un 10% y un 12% mayor.
El etanol, principal compuesto del alcohol ya sea cerveza, vino o ginebra, aumenta
el riesgo de neoplasia, y más en los hombres que en las mujeres. También tiene
otros componentes tóxicos como el acetaldehído, que genera metabolitos reactivos
tóxicos, degradación oxidativa de los lípidos y libera radicales libres. El alcohol
también interfiere en el metabolismo de los folatos, vitaminas indispensables para el
funcionamiento del organismo.
Los investigadores concluyen que ser abstemio previene más trastornos asociados que
hacerlo moderadamente, especialmente en el caso de la cirrosis de hígado, carcinoma
hepatocelular, obesidad, pancreatitis, complicaciones en el embarazo, accidentes y
suicidios.
Hay investigaciones que apuntan que el consumo moderado de alcohol (una bebida al día
para mujeres y en hombres) se ha asociado al menor riesgo cardiovascular y
Alzheimer, aunque el efecto de la abstinencia en estas complicaciones no se ha estudiado.
3. Reduce o elimina la ingesta de leche y derivados
Diferentes estudios establecen que las dietas ricas en calcio son una causa probable
de cáncer de próstata y sugieren, que la leche y sus derivados pueden aumentar los
niveles de insulina o estimular el factor de crecimiento similar a la insulina (IGF-I).
Además, tomar muchos lácteos o suplementos de calcio también puede interferir
en la sintetización de la vitamina D, que podría tener un efecto protector contra este
tipo de cáncer. El exceso de fosfatos presentes en la leche de vaca también interfiere
en la síntesis de vitamina D.
La vitamina D se ha asociado con la prevención no solo del cáncer de próstata, sino
también con mama, colon, ovario, vejiga, etc. Es crucial mantener unos niveles de
vitamina D óptimos para prevenir la aparicón de cáncer.

El Estudio de Seguimiento de los Profesionales de la Salud también estableció un
aumento relativo del riesgo del 60% de cáncer de próstata en hombres que tomaban
más de dos raciones de leche y lácteos diarias en comparación con los que no
tomaban ninguna.
Asimismo, el EPIC (Investigación Prospectiva Europea sobre Cáncer y Nutrición) ha
descrito un aumento del riesgo del 22% en hombres que toman más de 27 gramos de
proteína láctea al día en comparación con los que toman 10 gramos (un vaso de leche
desnatada tiene 8,4 g de proteína). Estiman que por cada 35 gramos de proteína láctea
consumida cada día, el riesgo de cáncer de próstata se incrementa en un 32%.
Los investigadores apuntan que limitar la leche y los lácteos repercuten además en
menores niveles de grasas y colesterol, lo que protege contra las enfermedades
cardiovasculares y trastornos gastrointestinales.
Más del 70% de la población es intolerante a la lactosa y padecen alteraciones
gastrointestinales asociadas al consumo de leche. Tu salud gastrointestinal mejorará
si te encuentras en este grupo.
Limitar o evitar la leche y los lácteos supone limitar la principal fuente de calcio de la
dieta de la mayoría de las personas. Pero el calcio se puede obtener de otros
alimentos: verduras de hoja verde, algas, frutos secos legumbres, cereales integrales,
bebidas vegetales (soja, arroz, coco, arroz, avena...).
La alta ingesta de leche y calcio no se ha relacionado con una mejor salud de nuestros
huesos tal y como quieren hacernos creer con la tal reiterada cantinela de que la leche
es buena para los huesos.
Por otro lado el consumo de lácteos, sobre todo yogur, parece que previene el cáncer
de colon por el efecto probiótico del yogur. Se puede consumir alimentos probióticos
diferentes a la leche: chucrut, miso, salsa de soja, kéfir de agua, etc.
4. No comer o reducir al mínimo el consumo de carne roja y embutidos
(Debido a un error de edición el artículo continúa más abajo, desplazar la
página para seguir leyendo)
Disminuir el consumo de Carnes rojas y procesadas (tipo embutido, salchichas,
proceados de carne) reducen el riesgo de cáncer de colon y recto.
Por cada 120 gramos de carne roja o procesada (precocinada, fiambre, salchichas,
embutidos) consumida al día se incrementa el riesgo de cáncer colorrectal en un 28%.
Un metaanálisis estableció que por cada 50 gramos diarios, el riesgo aumenta en un 21%.

Componentes de la carne como el hierro hemo y los nitritos promueven la formación
de aminas heterocíclicas y la sobreabundancia de aminoácidos esenciales y otros
nutrientes promueven el crecimiento celular descontrolado, origen del cáncer.
No comer carne, además, reduce el riesgo de diabetes, hipertensión, ictus y
enfermedades cardiovasculares.
Pese a que la carne es la principal fuente de proteínas, hierro y zinc, se pueden
conseguir ingestas similares en dietas vegetarianas. Las legumbres son una
excelente fuente de proteinas que combinadas con cereales integrales forma proteinas
de excelente valor biológico.
5. Evitar las carnes y pescados a la brasa o a la parrilla, fritos o asados reduce
el riesgo de padecer cáncer de colon, recto, mama, próstata, riñón y páncreas